Obra

Selecció del treball realitzat

Transició

Gabriel Verderi, primer paso hacia una consecuencia vivencial.

Las últimas obras de Gabriel Verderi (Terrassa, 1961) superan el proceso pictórico y establecen el primer paso hacia un espacio vivencial.  Aquella estructura temática, plástica y visual de la obra, vive en otro nivel representativo con tres historias relacionadas entre sí.

El paso de una estructura pintada -con todas las valoraciones de proceso y textura- a la propia utilización estructural en términos de volumen, plantea todo tipo de ocupación, exige la necesidad de ser espacio físico, de crear unos elementos situables en este espacio.  Y es desde esta consecuencia que desarrolla el concepto vivencias donde podemos extraer infinitas variables: no importa si es una instalación, escultura o pintura; tampoco si es interrelación, mixtura entre distintos sistemas de representación.

Hace casi tres años, cuando Gabriel Verderi empezó a hilvanar un proceso de positivos y negativos y elementos temáticos como la «silla» -una de sus tres historias constantes- se oponían en el plano y el volumen del objeto pintado, desprendió algunos de los conceptos esenciales de su obra, acercándose a la idea de módulo constructivo espacial, tal como se puede observar en las piezas más recientes.  Entonces forjaba un lenguaje que se iba descubriendo a sí mismo en la fusión de su propio código expresivo con el descubrimiento de cada consecuencia extraída.  Establecía un doble proceso de identificación entre el código expresivo de un lenguaje conocido y el que se manifiesta, perdido, entre las connotaciones donde él, su autor, puede reconocerse.

Gabriel Verderi, instalado actualmente en Denver (Estados Unidos), plantea su trabajo de manera temática.  Existen tres arquetipos o modelos que permiten un sistema metódico de abrir espacios, relaciones y distancias.  El teórico parte a menudo de un discurso muy intelectualizado que, desgranado conceptos, se queda con el tópico de todo proceso creativo, pero ciertos discursos son necesarios para «vender» una dimensión ficticia del producto, y sirven para mantener el juego de las apariencias, de las simulaciones, tan propio de nuestra época.  Suele ocurrir que al gran discurso vaya unido una obra mediocre movida sólo por los intereses: entonces se ve la disyuntiva o bien se queda enlazada siempre al discurso para identificarse.  Como la conceptualidad está implícita en cualquier idea, sólo nos vale una idea planteada por el mismo artista en la naturalidad del proceso.  Las otras ideas, generadas por el crítico o teórico, son «otras» y mantienen su sentido en esta consecuencia.  Solo así podemos entender la creación artística.

Volviendo a Gabriel Verderi, a esta fusión de lenguajes, nos hallamos con tres conceptos silla, escalera y columna- que emplazan signos, consecuencias de un flujo de ideas definido en términos visuales y táctiles.

Una sucesión de fases, secuencias que pasan a situaciones inmateriales o materiales, absorbidas siempre desde el doble proceso de las imágenes.  El arquetipo sirve para desencadenar un diálogo entre los materiales, para hacer servir elementos objetuales y simbólicos donde el material usado confirma la intención estructural de la idea por la textura o el color, implícitos en los mismos materiales.

Tres historias relacionadas

Lleva casi cuatro años en el desarrollo plástico y objetual de la «.silla», pero sin interesarse en la anécdota que pueda comportar sino en la representación espacial de sí mismo.  Digamos que el objeto cumple las funciones de intermediario y se convierte en el artefacto (útil/inútil) que le proporciona una posición, una situación en el espacio.  La «silla» es un símbolo que le sirve para explicar una idea.

Desde la silla accede a otras historias que, alternadas, relacionadas, provocan parcelas de conocimiento más complejas: la «escalera» se convierte en una consecuencia directa de la «silla», reproduciendo la reiteración modular que proponía en este objeto.  La cita visual y significante sigue siendo la misma: próxima como objeto vivido que traslada al espacio físico, pero también conceptualmente hay una correspondencia absoluta con lo que es la «silla», de la misma manera que coincide la doble asunción de objeto creado y hallado.  Podríamos establecer la comparación entre obras recientes: «serie cadira 20» y «escala 3» o bien «serie cadira 21» y «escala 1».

Una tercera historia es la «columna», que supone plantearse la correspondencia de dos planos y vuelve a remitirnos al desglose efectuado con los otros dos elementos, pero también aparece interrelacionada.  La obra apuntada, «serie cadira 20», marca esta fusión mixta entre la «silla» y la «columna».  De hecho nos remite a una serie de elementos ancestralizados, seducciones que parten de unos objetos muy básicos para lanzarnos a un proceso de exigencias recíprocas entre autor y espectador, porque se pone en juego el «descubrimiento» de estructuras mucho más complejas, actuando también sobre las demás como detonante de una fusión: nuestro código mezclándose con la comunicación perdida, reconociéndonos en otras situaciones vividas que permiten proyectar la posición del espectador en el espacio vivido.

La obra de Gabriel Verderi pudo verse a finales de 1989 en Denver gracias a un proyecto de intercambio organizado por Angels de la Mota, con la colaboración de la Generalitat de Catalunya.

«Artists from Barcelona. Eight options» agrupaba artistas de dos colectivos catalanes, Usquam y Trajecte, al que pertenece este artista. Actualmente expone en la colectiva «Value is Value», también en Denver, con Ramón Guillen Balmes, Charles Parson y Pedro Saralegui.

Gloria Bosch

Revista de las artes  M.Arte

Abril 1990